
Lo cierto es que duele. Duele que te mientan, pero duelen más las mentiras servidas en sonrisas perfectas. Se clavan en ti, permanecen en ti. Te crean heridas profundas que ni el tiempo, ni los por qués, pueden aliviar. Te duelen en lo más profundo del alma, las sientes ahí, punzantes, inquietantes, remolonas.
Se anudan a tu corazón impidiendo que lata.
Se quedan ahí el tiempo que les da la gana...Y duelen, puedo asegurar que duelen...
Pero nos transforman por dentro, nos hacen crecer hasta tal punto, que nos convertimos en quienes siempre quisimos ser...
Los errores, las heridas, las mentiras envueltas en sonrisas perfectas, nos hacen crecer. Nos hacen evolucionar y aprender.
Porque siempre, terminamos encontrando la forma adecuada para disimularlas. Pueden ser personas, situaciones, lugares o palabras...En mi caso fueron palabras...Pero a veces ese dolor se apodera, también, de lo más preciado que me queda...Mis palabras.